Escritos de Benjamin en torno al problema de la historia: "El concepto de la historia", "El fragmento teológico - político" y "El convoluto N", sección inédita en castellano de la Obra de los pasajes.
Durante los siglos XVI y XVII, la Casa de Austria fue la dinastía en torno a la cual giró la historia de Europa y, en gran medida, también la historia de todo el planeta. Además de su gran poder, la Casa de Austria se caracterizó por estar dividida en dos ramas familiares separadas, que actuaban coordinadas desde las cortes de Madrid y Viena, según dejó establecido el emperador Carlos V cuando abdicó, a pesar de que sus intereses con frecuencia resultaron ser divergentes.Las interacciones entre ambas ramas no afectaron únicamente a los reinos hispánicos y al Imperio, sino también directamente a los Países Bajos y al norte de Italia, al mantenimiento de una frontera común con el Imperio otomano y, en general, a todo el continente europeo. Resulta necesario señalar que las relaciones nunca estuvieron equilibradas, sino que -durante los siglos XVI y XVII, cuando la Casa de Austria gobernó el Imperio y la Monarquía hispana simultáneamente- una rama de la dinastía siempre se erigió en guía y responsable de la política que debía seguir toda la Casa, subordinando los intereses y objetivos de la otra rama, al mismo tiempo que justificaba su actuación en defensa de la confesión católica. Semejante justificación ponía, inevitablemente, la existencia de la dinastía en manos del papado, pues el pontífice era cabeza de la Iglesia y la autoridad que definía la ortodoxia del catolicismo. Por ello se plantea la tradicional gran historia como una historia de familia en la que las cortes de Madrid, Viena y Roma, con su peculiar funcionamiento, pueden ayudar a entender mejor las claves de la historia moderna europea.La Casa de Austria tuvo una de sus señas de identidad en su capacidad para dividirse en distintas ramas familiares con las que gobernar en distintos territorios. Dependiendo del momento, Madrid, Viena, Praga, Bruselas, Graz o Innsbruck fueron sede de cortes de los Habsburgos. Las relaciones que estos centros establecieron entre sí fueron más allá de las embajadas y el contacto diplomático formal. Existió una tupida red de lealtades familiares, facciones cortesanas, religiosos, séquitos de reinas e infantas, que se encargaron de vincular las distintas cortes y buscar puntos de acuerdo en la creación de una política dinástica. Por otro lado, el siglo XVII planteó retos cruciales para la posición de la Casa de Austria, como el ascenso de Francia y los nuevos poderes del norte de Europa. A lo largo de la centuria, las cortes de Madrid y Viena tuvieron que alternar el recurso a la guerra y la diplomacia para conservar su poderío, a la vez que las distintas crisis y paces pusieron en riesgo la solidaridad dinástica y mostraron los límites de la colaboración entre ambas ramas.Tras las paces de Westfalia (1648), la correlación de fuerzas entre las cortes de Madrid y Viena se fue decantando de modo claro y progresivo hacia el lado austriaco. Durante la segunda mitad del siglo XVII, la Monarquía hispana realizó un esfuerzo denodado para conservar sus posesiones, lo que consiguió en buena medida hasta el fallecimiento de Carlos II. La disputa entre Austrias y Borbones por la herencia hispana llevó a la guerra de Sucesión y al final de los Habsburgos en España. En esta última fase, el posicionamiento a favor del candidato austriaco llevó a numerosos súbditos hispanos a la expropiación de bienes y al exilio, amargo epílogo a dos siglos de relaciones dinásticas.Por último, esta obra no podía cerrarse sin pasar revista a la herencia cultural dejada por los vínculos entre las dos ramas de los Austrias en el arte, la literatura y la religiosidad, así como su impacto en la historiografía posterior.
Por terribles que sean las consecuencias de las guerras, a lo largo de la historia casi todas las sociedades han empleado argumentos para disculpar o animar su práctica. A este respecto, la Edad Media representa en la historia de Occidente un período en el que se formaron o consolidaron las razones que, desde entonces, vienen siendo empleadas para justificar el uso de la fuerza, la muerte violenta y la destrucción masiva de los adversarios. Fueron las sociedades medievales de Europa occidental las que desarrollaron un conjunto de principios jurídicos, morales y religiosos tendentes a legitimar la guerra, dirigirla hacia fines considerados aceptables y, finalmente, sacralizarla.
In spite of the good will of many Europeans with African immigrants very few ones ask themselves an essential question. Why do western governments maintain a politic of progressive weakening with the african people?
With the impudent and deep wisdom, Inongo speaks to us about the traditional African culture, of its way of coexisting with the ancestors, of the battles lost in its relation with the Europeans, but also about the living together among african immigrants and europeans, in order that the coexitance, inevitable, is wealth-producing for all. Representative of a telluric and realistic spirituality, Inongo approaches the topic of the emigration with crudeness and respect.
La época dorada de América es una reflexión profunda acerca de la extensión en el mundo americano de habla española, durante el siglo XVI, de una poderosa y arraigada marea de cultura humanística que originó el tono del ser del mundo hispanoamericano en las raíces más profundas del humanismo español, originando signos de identidades políticas en la convivencia ibero-indígena, un pensamiento jurídico orientado hacia la organización de la convivencia, un clasicismo literario, una importante novedad historiográfica orientada hacia el futuro, con un considerable signo de modernidad de conciencia americanista y una culminación intelectual en los rasgos esenciales de la Antropología cultural, con el cierre de la Filosofía de la Historia, supuesta por la genial obra de José Acosta, Historia natural y moral de las Indias (Sevilla, 1598).
El proyecto que el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza intentaron hacer realidad en la España de la época puede caracterizarse como armónico. Una palabra que a ellos mismos les gustó utilizar para definir sus ideas en diferentes ámbitos de la realidad. Hombres que vivieron en una sociedad en conflicto, que salía de la primera guerra civil de la época contemporánea (la carlista de los años 30 del siglo XIX) y que vieron morir sus esperanzas y sus proyectos de reforma, de armonía social, ante otra guerra civil, la que marcó de forma cruenta la España del siglo XX.
La rebelión del general Rafael del Riego, el 1 de enero de 1820, contra el régimen absolutista y represor de Fernando VII, le convirtió en uno de los personajes más relevantes de la historia de España en el primer tercio del siglo XIX. Miembro del ejército expedicionario del sur, destinado a reprimir en la América española las luchas insurgentes, se destacó en la vida pública del país, dominado en esa etapa histórica por los ecos de las revoluciones atlánticas, primero por la que da pie al nacimiento de Estados Unidos, y después por la francesa. En ambos casos se trata del rompimiento del Viejo Régimen y el nacimiento de una nueva época, tanto en Europa como en América. Rafael del Riego forma parte de esa generación de españoles inmersa en una época de auge revolucionario. España responde a ese reto con una actitud defensiva, intenta ponerle puertas al campo. Carlos IV y su hijo Fernando VII, en una rocambolesca historia, le entregan en bandeja a Napoleón la corona española, lo que propicia, más adelante, la lucha insurgente y la Independencia de España, con el inestimable apoyo inglés, interesado en detener el expansionismo del emperador francés. España se convierte en campo de batalla y en uno de los escenarios del ajedrez político-militar de las grandes potencias. Rafael del Riego y sus compañeros concluyen con éxito una de tantas acciones antiabsolutistas, siguiendo la estela de los frustrados pronunciamientos de Espoz y Mina, Díaz Porlier, Ramón Richart y Luis Lacy. Su victoria en 1820 propicia el Trienio Liberal y la España constitucionalista de Fernando VII. Dentro de la contrarrevolución europea que propicia la Restauración, la nueva invasión francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis, acaba con el experimento liberal en España que había restablecido la Constitución de 1812, y signigica el sacrificio de Rafael del Riego, ahorcado en la plaza de la Cebada de Madrid, la llegada de la “década ominosa”, el inicio de uno de los primeros y más importantes exilios de la España del siglo XIX y aboca hacia la posterior Guerra Carlista.
La Estafeta Literaria nació en 1944 de la mano de Juan Aparicio, y permaneció viva, con algunos momentos de silencio, hasta 2001. Siete etapas, siete directores, variadas secciones, multitud de colaboradores, configuraron el rico universo de esta publicación, testimionio indiscutible de la literatura y de la vida cultural de la segunda mitad del siglo xx en España. En la dilatada existencia de la Estafeta hubo cabida para todo: libros, creación, ensayo, crítica, teatro, cine, lingüística, pues la revista excedió lo estrictamente literario y lo exclusivamente hispánico, para inmiscuirse en otras disciplinas y en otros países. Tras una labor de análisis de parte de su contenido, los autores del presente volumen han abordado algunos de los aspectos que en ella se trataron: desde la evolución de los géneros literarios o la recepción de las letras universales, hasta la vida cultural y literaria (revistas, teatro, concursos, tertulias) o el desarrollo de corrientes lingüísticas en nuestro país. De este modo pretenden con esta obra contribuir al estudio de la historia de la cultura española de los últimos años, desde la perspectiva de las publicaciones periódicas, fuente ingotable de información y conocimiento.
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