Ed. Julio Seoane. Con un espíritu mordaz y permanentemente polémico, F. C. S. Schiller se alzó en su día, junto con James, como uno de los mentores más representativos del Pragmatismo ?así como su más convencido propagandista?. En esta antología, la primera vez que se traduce al castellano la obra de Schiller, se puede seguir el modo original, y a su vez más radical, con el que expuso su convicción pragmatista. Schiller estaba convencido de que siendo el Pragmatismo un método para conocer, debiéramos atrevernos a dar un paso más y apostar decididamente por una Metafísica o una concepción del mundo a la que denominó Humanismo.. Sobre el editor: Julio Seoane Pinilla es profesor en la Universidad de Alcalá y, junto con Serafín Vegas, coordinador del Grupo de Investigación en Pensamiento y Cultura Norteamericanos del Instituto Franklin, dentro de cuyo trabajo se integra el intento de recuperación de la obra de F. C. S. Schiller, así como la de elaborar nuevas perspectivas del Pragmatismo.
La construcción moderna del concepto de dignidad y su posición en la fundamentación de los derechos permite comprender la posición central del individuo en el discurso de los derechos. La idea de individuo no es el resultado de un proceso intelectual descontextualizado sino que debe enmarcarse en el escenario constituido por un nuevo mundo que es el que se gesta en el Tránsito a la Modernidad…
Enigma es para sí mismo el ser humano, no menos que todo cuanto lo rodea. Tratando de encontrar claves para entender el enigma, los humanos, desde tiempos ancestrales, han ensayado -antes que las reflexiones más intelectuales de las filosofías y que las más exactas de las ciencias- esas búsquedas más intuitivas, cargadas de emoción vital y de recursos imaginativos, que forman el riquísimo repertorio de las religiones en su larga historia, coextensiva con la historia de la humanidad.
“Existe ya suficiente aniquilación de humanidad”, como dijo en su momento Ernst Bloch. Llevamos ya un tiempo gobernados por los bárbaros, mientras el pensamiento se solaza en el nihilismo y en el laicismo agresivo, negando a Dios e insultando al hombre. Necesitamos construir un pensamiento de resistencia, en el que el “primado de la razón práctica”, patrimonio de todo el gran pensamiento contemporáneo, devuelva al hombre, esplendor del mundo, las luces sobre su grandeza y la confianza en su razón, capaz de conocimiento y acción, capaz de verdad y de amor.
Søren Kierkegaard fue, sin duda, una de esas impertinencias con las que de cuando en cuando nos abofetea la historia para que no nos durmamos en los laureles, para que no nos dejemos arrastrar por la corriente, para que no olvidemos que todo orden establecido se encuentra bajo sospecha en el momento mismo en que queda establecido. Aunque la lucha que llevó a cabo el pensador danés tuvo un campo de batalla bien definido y unos enemigos concretos, a pesar de que sus controversias se lidiaron en zonas de la filosofía y de la teología prácticamente inhóspitas para el lector del siglo xxi, su mensaje, su obra y su vida son tan necesarios para nosotros como la ventilación para una casa que ha permanecido mucho tiempo cerrada. Kierkegaard es el «filósofo impertinente», porque nadie permanece indiferente tras haber leído sus obras. Algo ocurre, intelectual y existencialmente, cuando uno se topa con él, de alguna manera se nos queda clavado un aguijón en la carne con el que hemos de vivir mientras sigamos pensando. El pensador actual que no haya pasado por Kierkegaard, que no se haya sometido a una cura kierkegaardiana, carece de ese plus intelectual que el «filósofo impertinente» llamaba seriedad.
Una obra orientada a reflexionar acerca de por qué en muchos países industrializados, y a diferencia de lo que sucedía en épocas anteriores, la mayoría de jóvenes no pueden o no saben cómo emanciparse. ¿Es sólo un factor económico? Para el autor, las razones tienen algo más que ver con un proceso de reflexión, de adquisición de madurez y, sobre todo, de autoestima.
En junio de 2005 se aprobó en España el matrimonio homosexual. La medida provocó una polémica intensa y caótica. El autor examina las razones esgrimidas por progresistas y conservadores, e intenta indagar la raíz de cosas que se dijeron sin saber lo que se decía, o se escucharon sin entender lo que significaban. La indagación le conduce hasta una tradición teológica que subrayó la infinitud de Dios. Nada, ni aun el bien o la justicia o en algunos casos la verdad, obligan a Dios o lo limitan desde fuera. Ello suscita la posibilidad de un Dios amoral.
¿Cabe sostener la afirmación de la existencia de un pensamiento político relevante en la obra del joven Nietzsche? Si así fuera, ¿cuál es el lugar que la política ocupa en su obra y cuáles sus nexos con lo que este Nietzsche denomina metafísica de artista? Y, por último, ¿cuáles son los rasgos característicos y distintivos de esta política en el período marcado por El nacimiento de la tragedia y las Intempestivas? Responder a estas tres preguntas es el propósito que persigue este libro, adentrándose de este modo el autor en un terreno, el del pensamiento político, que en el caso de Nietzsche y debido a las vicisitudes por las que pasó su legado, no ha sido suficientemente considerado por la crítica filosófica. No se busca violentar políticamente su obra ni hacerla objeto de disputas ideológicas, como sucedió en la primera mitad del siglo XX, como tampoco urdir una estrategia interpretativa que tiene como fin neutralizar su pensamiento político, posición imperante, salvo excepciones, en la segunda mitad del siglo XX y reacción comprensible ante la manipulación y tergiversación de su obra. Lo que se intenta es mostrar que su obra de juventud contiene un momento político irreductible, que desempeña un papel secundario, pero necesario, y que la concepción dionisíaca del mundo contiene una política trágica marcada por el suelo metafísico en el que se arraiga, por la crítica a la cultura moderna y por su aristocratismo político.
Son diversos los caminos que se pueden recorrer para exponer la complejidad que el pensamiento leibniziano ofrece.
El malestar en la cultura representa el gran resumen de todo el pensamiento freudiano desde los años anteriores a la fundación del psicoanálisis, en La interpretación de los sueños, hasta su consolidación definitiva a finales de la década de los años 20. Este científico humanista se había interesado, desde el inicio de su carrera, en el conflicto psíquico entendido como enfrentamiento de las necesidades pulsionales del individuo con las exigencias a menudo desorbitadas de la sociedad, así como en el problema del destino de la cultura, contemplada como la proyección en la humanidad del problemático desarrollo psicológico individual. Esta obra nos presenta en esencia un único problema al que se le pueden dar diferentes nombres. Es el problema de la agresión y la culpabilidad, problema psicológico y sociológico, pero también político. Es el problema del mal, si nos queremos ir a lo metafísico. O incluso del pecado, si nos obstinamos en utilizar el tradicional lenguaje religioso. Y para abordar cuestión tan descomunal se van a poner a nuestra disposición todas las armas de uno de los logros intelectuales más decisivos de nuestro mundo moderno, el psicoanálisis.
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