Este libro busca conectar las perspectivas deel debate filosófico político contemporáneo con los desafíos de la equidad, la justicia social y la función de la política al interior de la modernización, reformulando las bases conceptuales de la equidad, desde un giro ético normativo, en el horizonte de los fines y no de los medios.
El príncipe de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) es una de las grandes obras de la filosofía política occidental y constituye una muestra de pensamiento irreverente, polémico, un tanto irónico y siempre lúcido. Aquí se encuentra la primera reflexión moderna sobre el poder estatal, su origen y sus medios de legitimación. Sólo por eso ya es un texto clásico, es decir, vivo. Pero, además, tras el ajuste de cuentas que la filosofía de las últimas décadas ha realizado con los ideales modernos e ilustrados de sujeto y de Historia, El príncipe alienta al pensamiento actual con la imagen de ser humano que ofrece -tan alejada de la autocomplacencia- y con su concepción de la Historia, carente de un fin que procure reconciliación y consuelo. Todo ello sin nihilismo, aunque con cierto distanciamiento.
Este libro es un ensayo porque recoge en pensamientos estados contradictorios del espíritu. Ésta es una obra heterodoxa porque reconoce que el prejuicio, la ideología y la intriga académica son los obstáculos para construir un pensamiento, una idea, una manera libre de entender el mundo, pero eleva el anatema, la descalificación y el «argumento» de autoridad a un aleve plano intelectual para luchar, o sea, abrazarse, contra sus portadores. Este libro asume la forma de la escritura como determinante de un pensamiento, que muestra la realidad sin someterla a ningún tipo de doma. Porque El pulso del pensamiento reconoce que la razón no es nada sin poesía, deja hablar con total libertad a los principales agentes de la actualidad social, moral, artística, cultural y política. Porque la libertad es la holgura de la voluntad. El pulso del pensamiento mantiene que lo decisivo no es la libertad racional, sino el deseo de ser libre. El pulso del pensamiento es la última luminaria para arriesgarse en la argumentación y la sutileza, forma provocadora para tratar lo tangencial y oblicuo, y reflexión fragmentaria sin final feliz.
Han existido pocas figuras tan representativas de los valores que encarnó, con fugacidad trágica, la Segunda República española, como Fernando de los Ríos (18791949). Catedrático, diputado, ministro y embajador de la República, se vinculó muy pronto, desde sus raíces ínstitucionistas y regeneracionístas, al empeño de construir -superando al fin la honda crisis en la que estaba sumida la sociedad española como consecuencia de los graves problemas irresolutos que nos transmitió el siglo XIX- una España dinámica, culta, civil y laica, cada vez más libre, justa, tolerante, solidaria e igualitaria. En sintonía con el sentido último de su trabajo político, Fernando de los Ríos roturó teóricamente con rara sistematicidad el territorio que escogió como propio: el del socialismo que busca el progreso, desde la libertad, hacia un Estado social. El sentido humanista del socialismo, su obra más representativa, pasó así a configurarse como uno de los hitos teóricos centrales, a nivel europeo, del difícil proceso de construcción del «socialismo democrático». Un socialismo de matriz liberal, reformista y humanista, que a la vez que se identifica con la democracia, la educación y el primado del Derecho-entendido como «factor de progreso»-, propugna, para hacer efectiva la libertad, el sometimiento del sistema productivo al hombre y no a la inversa. Jacobo Muñoz es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, actualmente en comisión de servicios en el Instituto de Filosofía del CSIC. Director de varias colecciones filosóficas, entre sus últimas publicaciones destacan Figuras del desasosiego moderno (2002) y Caminos de la hermenéutica (2006).
Este libro de aforismos ha querido utilizar la Filosofía para resolver la cuestión de una identidad personal “como cualquier otra”, desde la evidencia que se impone una y otra vez de que la Filosofía sirve para liberarnos. Liberarnos de nuestra estupidez, que va aumentando al movernos en las circunstancias de la vida. Y es que ser de verdad uno mismo es cuestión de que se ejerza la inteligencia contra las brumas interesadas de los cada vez más poderosos poderes —sutiles hasta la obscenidad y en absoluto externos a nosotros—. No nos dejan seguir siendo niños por mucho que queramos, la vida nos fuerza a ser leones contra nuestra voluntad. Pero el león de verdad ha sido siempre el filósofo, de ahí la importancia y el peligro de su magisterio, que palidece cuando la estulticia se adensa, y que por eso hemos intentado seguir ahora que aún se puede.
El pensamiento de Emilio Lledó se vertebra alrededor de tres ejes: la filosofía griega clásica, con una mirada especial hacia los diálogos platónicos, las éticas aristotélicas y el epicureísmo, la atención al lenguaje como objeto principal del análisis filosófico, en clara convergencia con el desarrollo de las principales corrientes del pensamiento europeo de posguerra y la elaboración de una amplia reflexión sobre la temporalidad y la escritura que desemboca en una bien trabada filosofía de la memoria y en una antropología textual de raíces eminentemente hermenéuticas. Todo ello guiado por una firme voluntad de implicación en los problemas reales de su lugar y tiempo más propios: en efecto, esa sucesión de textos que componen el texto de la vida que es Lledó acompaña fielmente el desarrollo y la consolidación de la vida democrática en España. En ese contexto, Lledó es texto protagonista, pues la filosofía aparece en él como el despliegue de una auténtica paideía democrática. El texto de la vida. Debate con Emilio Lledó es un intento de pensar críticamente la propuesta filosófica que Lledó ha venido desarrollando en vario modo en los últimos cincuenta años. Es, pues, también, el merecido reconocimiento de un esfuerzo poco común en nuestra lengua. El resultado es la voz coral, no siempre armónica, de nuestro Debate con Emilio Lledó.
La relación de las artes plásticas con la naturaleza, texto que el filósofo Schelling (1775-1854) pronunció como discurso público en 1807, con motivo de la inauguración de la Academia de Bellas Artes de Münich, de ahí que sea conocido como Discurso de la Academia, puede ser leído como una exposición sintética de su filosofía del arte y, a la vez, como introducción privilegiada en el conjunto de su pensamiento, del que recoge sus tesis principales: 1) la identidad entre la materia y el espíritu gracias al papel del arte, que media entre lo inconsciente de la naturaleza y la conciencia, 2) la comprensión de la belleza como presentación de lo divino e infinito bajo la forma sensible, 3) el carácter productivo del arte, que no lo vuelve mera copia de la naturaleza, sino mémesis de su infinita productividad y, finalmente, 4) la comprensión del tránsito desde la Antigüedad, representada por la escultura, a la Modernidad, representada por la pintura. En el texto late igualmente una consideración del arte al que se reconoce, románticamente, el papel político de reconciliación de los antagonismos históricos gracias a las posibilidades estéticas de la belleza, y una anticipación del potencial del arte moderno que acabará superando la restricción figurativa para acceder a aquel fondo insondable que la filosofía idealista de Schelling localizó en la naturaleza.
En Elías Canetti. Luces y sombras, Raquel Kleinman ofrece una visión inédita de Elías Canetti y de su obra. Gran admiradora del escritor, la autora transmite su entusiasmo con objetividad, facilitando el acceso a este excelente pero difícil escritor. El libro muestra el desarrollo en paralelo de la vida y el pensamiento de Canetti, al mismo tiempo que ofrece un estudio escrupuloso de la relación de éste con Freud y el psicoanálisis. Dirigiéndose a los lectores de Canetti y al lector exigente en general, psicoanalistas o no, evita en todo momento la terminología excluyente y confina al último capítulo del libro el estudio comparativo entre las dos teorías de la naturaleza humana, la de Canetti y el psicoanálisis, de especial interés para los psicoanalistas y otros estudiosos del comportamiento humano.
Este libro muestra el milagro de la Naturaleza creadora de vida con sus leyes biológicas, químicas y físicas, desde la célula procariota hace 4.000 millones de años hasta una mujer y un hombre perfectibles potencialmente hasta lo grandioso. El autor considera antinatural y utópica a una Historia masculina que ha conducido a los pueblos a la deformación monstruosa de sus elevados destinos universales, y se pregunta: ¿Podemos divisar en el futuro al HUMANISMO como antídoto contra la Historia Masculina —que no sea una Revolución dentro de esta historia, pues siempre recae en Historia Masculina Guerrera— que salve nuestra Especie Humana y su hábitat en el Planeta Tierra?
Apoyado en el bastón de boj de la constancia, el peregrino solitario comienza su viaje en busca de discernimiento. Un sinfín de caminos, laberintos y representaciones van poblando de sueños la noche de su alma que, hasta la llegada de la claridad, no es más que un lugar En donde al sol no se le oye.
Bertrand Russell resume en este libro su concepción de la "vida buena": una apuesta decidida para el conocimiento y para la lucha contra la intolerancia religiosa. Rusell defiende la educación integral del ciudadano desde sus primeras etapas de escolarización, a fin de formar ciudadanos libres y críticos que sean capaces de configurar una sociedad fuerte y cohesionada.
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