A través de tres ensayos se exploran los vínculos que, en el límite de la experiencia, acercan la mística a la locura. En el primero, en un itinerario que va de Juana de Arco a Nicolás de Cusa y fray Juan de la Cruz, la constitución del sujeto místico radicará en responder a una voz. En el segundo ensayo, el interés de Bataille por los casos patológicos de automutilación señalará su obsesión por el interrogante de si una comunión entre los seres puede lograrse sin la locura de la autodestrucción del propio yo, y abrirse a una escritura sagrada que no sea la de una locura sublime, sino la de una locura ridícula, que no obstante logre comunicar. En el tercer ensayo, la interpretación de la santidad como síntoma, propia del siglo XIX y XX, hará de Teresa de Ávila la patrona de las histéricas.
Atreverse a ser diferente es atreverse a ser significativo. Este imperativo juega en la filosofía monoteísta una función análoga a la que desempeña el sapere aude en la Ilustración. El concepto de la religión en el sistema de la filosofía, libro que genera la transición sistemática de Atenas a Jerusalén, es un texto capital en el que Hermann Cohen asume la responsabilidad de dar metódicamente razón de la peculiaridad de la religión y de su respectivo estatus en la filosofía sistemática.
España es un país laico. En poco tiempo hemos pasado de un catolicismo omnipresente a una sociedad analfabeta en religión. Se impone una reflexión sobre el lugar de la religión en una sociedad laica. No vale decir que en una sociedad moderna la religión es un asunto privado, es decir, algo que no debe traspasar el recinto de la conciencia o de los templos. La religión es, por el contrario, un asunto público. La Cátedra Santo Tomás pretende enriquecer la visión laica con la presencia de un patrimonio cultural de origen religioso. Esto queda bien expresado en la obra de teatro que Juan Mayorga ha creado para la ocasión. «La lengua hecha pedazos» habla de Teresa de Ávila, una mujer rompedora en un mundo conservador. ¿Puede renunciar alguien, aunque se diga laico, a la riqueza de este patrimonio?
Las figuras de Jesús y del Inquisidor de Dostoievski representan dos maneras diferentes de entender la religión: una, que cuestiona, inquieta y obliga a estar alerta; la otra que consuela y protege a cambio de la sumisión. ¿Son dos tareas complementarias o incompatibles? El pan nos remite a la justicia, pero ¿puede haber pan sin libertad y viceversa? La III Cátedra Santo Tomás vuelve de nuevo con preguntas que deben interesar a una sociedad que no tenga miedo a la libertad, ni se escude en fáciles consuelos.
¿Qué hay detrás de todo el interés actual por Pablo de Tarso? No son libros de teología sino de filosofía política los que han escrito Badiou, Agamben, Taubes o Zizek sobre La carta a los Romanos. Lo que hay detrás de esa lectura filosófica de Pablo es un interés político. Europa, en el momento de sus grandes crisis, vuelve a esta piedra angular del cristianismo y, por tanto, de Occidente. Europa y sus teologías políticas es un debate sobre las raíces profundas de la política occidental, más allá de un agotado laicismo y de un finiquitado restauracionismo teológico.
Obra que abre múltiples aspectos y sensibilidades en referencia a un nuevo planteamiento de la filosofía de la religión desde la periferia latinoamericana. Pretende superar la ontoteología desde la fenomenología y la hermenéutica, y propone un pensamiento analógico que se alimenta del potencial semántico y pragmático de los símbolos.
Este volumen de Reseña Bíblica está dedicado a la cuestión del sufrimiento y la consolación en el ambiente bíblico. Nos limitamos a la religión mesopotámica, considerada la religión más antigua, pues queremos remontarnos al origen de la problemática. Además, esta opción está doblemente motivada: primero, por la imposibilidad de abarcar períodos de tiempo tan extensos y variados como los
que recorren la literatura vetero y neotestamentaria; y segundo, por la decisión explícita de acotar el tema en este entorno del que es especialmente deudora la antropología bíblica.
La llamada carta a los Hebreos es un convidado de piedra en la mesa de la palabra del Nuevo Testamento. Está ubicada al final de las cartas paulinas, como un hito hierático, pero, al mismo tiempo, con un estilo elocuente y unos referentes atractivos (aunque enigmáticos). Sin embargo, se trata de una homilía fascinante si te dejas llevar por el hilo de su argumentación.
Los cinco artículos de este número monográfico pretenden ofrecer una introducción actualizada de la misma. Se subraya en primer lugar que Hebreos, a pesar de su extrañeza y de su lejanía, es una exposición totalmente abierta (1). Se recuerda también que su centro es la persona de Jesús y que el argumento quiere hacer accesible su condición de hijo sentado a la diestra del Padre, en las alturas (2). Con todo, el núcleo fundamental de esta exhortación está focalizado por la forma cómo Jesús ha alcanzado la plena realización de su vida, que le convierte en mediador (sacerdote) de una nueva forma de relación (alianza) con Dios (3). Por ello, el punto central de la homilía y de su argumentación es el ofrecimiento que hace Jesús de su vida (sangre) (4). Esta ofrenda incondicional convierte a Jesús en el argumento decisivo de cara a la esperanza. Los cristianos, hermanos de Jesús, con los ojos fijos en él, pueden alcanzar también la plenitud (5).
El tema del sacerdocio, presente a lo largo de toda la Biblia, adquiere un relieve singular en este «año sacerdotal». A él se dedica el presente número de Reseña Bíblica en el intento de contribuir a una mejor comprensión tanto del sacerdocio de Cristo como del sacerdocio cristiano. Esta mejor comprensión nos permitirá valorarlo y apreciarlo en su justa medida, hasta poder exclamar con el santo cura de Ars: «¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!».
Una visión panorámica sobre el sacerdocio en el Antiguo y en el Nuevo Testamento nos servirá de marco iluminador para percibir con nitidez la radical novedad del sacerdocio de Cristo, que se proyecta y se prolonga en el sacerdocio cristiano.
¿Qué sabía y creía Pablo y sus comunidades sobre el mundo, el cosmos, la sociedad, el ser humano, la divinidad, antes de llegar a Cristo? ¿Con qué actitudes orientaban su hacer? ¿Cómo modificó la experiencia cristiana esta cultura? ¿Cómo podemos rastrear la presencia de Pablo en nuestra cultura actual, nuestra tierra o humus en el que habitamos y desde el que pensamos, actuamos? A estas y otras preguntas sobre la huella y la influencia de Pablo en la Cultura Occidental responden las colaboraciones de este número de Reseña Bíblica.
Este número centra su atención en la relación que Pablo, Apóstol de los gentiles, tenía con las Escrituras santas de Israel, que él mismo llamaría «Antiguo Testamento». En la misma persona de Pablo, fariseo y ciudadano romano, se produce la unión de dos pueblos hasta entonces divididos: judíos y gentiles. Los primeros cristianos tuvieron la tentación, ya en el siglo II, de considerar la novedad cristiana que Pablo anunciaba un inicio absoluto que declaraba obsoleto todo lo anterior. Pero rechazar el Antiguo Testamento era ir en contra de la enseñanza del mismo Pablo que había proclamado.
La primera Carta a los Tesalonicenses, un escrito más bien breve, no se destaca en el conjunto del epistolario paulino ni por la riqueza y densidad de su reflexión teológica ni por la amplitud u originalidad de su enseñanza moral y práctica. Pero tiene una característica que la hace distinta y le otorga un puesto singular entre las cartas de Pablo: es, según opinión mayoritaria, el escrito más antiguo que se ha conservado del apóstol. También, el escrito más antiguo de todo el Nuevo Testamento, el primer testimonio literario del cristianismo naciente. Además, 1 Tes fue escrita por Pablo al poco tiempo de haber predicado el Evangelio en la ciudad de Tesalónica. El recuerdo de la evangelización está todavía muy vivo.
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