Los últimos agotes de la historia viven en Bozate, barrio equidistante de Arizkun y Errazu, dos de los catorce pueblos que componen el navarro valle del Baztán, frontera con Francia. Al otro lado de los Pirineos, los franceses les llamaron cagots. Vivían en barrios apartados, con la prohibición de mezclarse con los vecinos de otros pueblos. Para que su separación fuese completa, debían distinguirse hasta en la propia vestimenta y tenían que llevar la marca de un pie de pato de color rojo, de manera bien visible. Además estaban obligados a avisar de su presencia haciendo tañer unas claquetas para que los otros se apartasen. Eran objeto de discriminación en la la iglesia, donde les estaban reservados los últimos bancos. No podían llegar hasta el altar ni para comulgar ni para recibir la paz, el sacerdote bajaba a dársela. En la ofrenda de pan a la iglesia, y que el monagillo recogía en un saco, le daba la vuelta a éste, para que los panes de los agotes no se mezclasen con los otros.
Los almogávares. La expansión mediterránea de la Corona de Aragón relata las vicisitudes de un principado, el catalán, que se encuentra en una difícil encrucijada: discernir si debe fomentar el comercio con tierras lejanas para enriquecerse rápidamente y desbancar a Génova y Venecia de la primacía mediterránea o, por el contrario, formar ejércitos y batirse en continuas luchas con el fin de conquistar los países vecinos para establecer un perdurable
imperio en el mar Mediterráneo.
La narración desgaja la expansión de la Corona catalano-aragonesa mediante las vivencias de los almogávares, temibles soldados mercenarios que lucharon por su rey y por su nación, y que devastaron y llenaron de terror las tierras que años atrás habían sido dominadas por personajes como Alejandro Magno y por el imperio romano. Su empuje les permite contemplar las esplendorosas murallas de Constantinopla, luchar contra los turcos, pasear su más feroz semblante por la morada de los dioses en el Monte Olimpo y convertirse en el mejor ejército conocido. Su bravura, la tenacidad y la estrategia de combate, así como su crueldad, son las principales características que llevan a los almogávares a conquistar Atenas y la casi totalidad de la Grecia clásica. Este libro muestra de una manera rápida, exhaustiva y casi novelesca, pero veraz, una época de grandes batallas, de traiciones y asesinatos, de conquistas y de derrotas.
En definitiva, es la crónica de la mayor aventura que jamás haya realizado un ejército hispánico durante la alta edad media
Los ángulos ciegos es un libro global sobre la transición española a la democracia, que pretende incorporarse a los estudios críticos sobre la misma. En él se valora especialmente la necesidad de romper el paradigma oficial con el que es habitual contar una transición plana, milagrosa o mágica, a la que se llega casi de forma natural como si viniese del propio franquismo. Es un estudio que pretende ser pedagógico, consecuencia de casi 30 años dedicados al estudio y extensión del conocimiento constitucional, para que pueda conocerse lo que de verdad hubo en la transición, lo que costó en la mente y el corazón, en la vida de muchos españoles, lo que significó pasar de la dictadura a la democracia entre 1976 y 1979.
A partir de finales de los años 50, España emprende uno de los procesos de transformación económica y social más importantes de su historia. El área del Gran Bilbao será una de las zonas de mayor desarrollo. Los años del hierro, que caracterizaron a las primeras fases de la industrialización, dejarán paso a los años del acero, un período corto definido por una intensa transformación, donde concurren una larga serie de procesos interrelacionados: acelerado desarrollo industrial, masiva llegada de inmigrantes, reordenación del espacio urbanístico y social, y cambios dentro del mundo del trabajo, que asistirá a la renovación del aparato productivo e incluso al marco de las relaciones laborales. Fue un proceso plagado de limitaciones que se pondrán de manifiesto con la reactivación y extensión de la conflictividad laboral y la incorporación de nuevas generaciones de trabajadores capaces de organizar y desarrollar nuevas formas de movilización. El libro profundiza en las claves que definieron los intensos cambios sociales producidos durante los últimos años del franquismo y en cómo influyeron en el desarrollo de la transición.
El propósito de esta obra es analizar el Derecho Internacional en materia de protección y restitución de los bienes —especialmente los de carácter artístico— incautados en tiempos de guerra. En sus páginas se desgranan los instrumentos enfocados hacia uno y otro propósito, así como su insuficiencia. La última parte se dedica a las reclamaciones actualmente pendientes, referidas, en su inmensa mayoría, a bienes incautados (directa o indirectamente) por el nazismo en los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial o en su transcurso.
En este ensayo histórico, político, hallará el lector el origen, la evolución y la esencia de Cataluña, de sus tierras y de sus gentes, sus grandes Condes de Barcelona, Reyes de Aragón y personajes esenciales, siempre integrados en el contexto peninsular hispánico. No se rehúye el relato de los problemas y diferencias, amores y desamores entre el centro y la periferia. El espejo de la Historia nos enseña que, desde Wifredo el Velloso a Jordi Pujol, la superación de los enfrentamientos lleva a una armonía constructiva que favorece a todos. Eso es lo que pretende el autor, demostrar que Cataluña, avanzada de España en Europa, señora del Mediterráneo, vecina de Francia, será cada día más grande, como quería Francisco Cambó, dentro de la «Espanya Gran».
La importancia crucial de las Comunidades de Castilla en la historia de España explica que su incidencia haya rebasado el estrecho marco temporal de su irrupción en 1520 y su fracaso final, primero en la batalla de Villalar en abril de 1521 y luego, definitivamente, en la ciudad de Toledo el 3 de febrero de 1522.
Efectivamente, los ingredientes revolucionarios de la lucha liderada por Padilla, Bravo y Maldonado en aquel contexto de principios del siglo xvi no tardaron en convertir su gesta en uno de los mitos fundacionales más relevantes de la lucha política y social por las libertades. De ahí su utilización por parte de los liberales del siglo xix como privilegiado referente y antecedente
histórico de su proyecto político.
Se analiza, desde una perspectiva histórica, esa doble funcionalidad atribuida a la revuelta comunera: su trascendencia en la España del siglo xvi pero también su uso ulterior, no pocas veces mitificado, en el interesante proceso político de construcción de la nación española, iniciado en 1808, y, más recientemente, en el intento de aportar ingredientes de legitimidad a la identidad autonómica castellana y leonesa durante la transición a la democracia.
A lo largo de la Edad Media española grandes personalidades judías brillaron en muy diversos campos, pero tanto los beneficios de su actividad social como su producción científica y bíblica se esfumaron barridos por vendavales de violencia y olvidos del tiempo, y sus escritos de alto porte no pudieron influir en la cultura cristiana crecientemente mayoritaria. No hubo continuidad, ni podía haberla, entre la cultura y sociedad judías de la Edad Media y las de la mayoría cristiana que devino oficial y permanente. El puente real entre cultura española judía y cultura española cristiana fue el alzado por los judeoconversos. Con las ambigüedades características de todo intelectual que se mueve entre dos aguas, el intelectual judeoconverso, siempre mirado de reojo por la Inquisición, se esforzó por expresar en español su peculiar visión del mundo. Lo que Américo Castro y luego Benzion Netanyahu, en diferente pero complementario nivel, han delimitado como identidad judeoconversa debe ser puesto constantemente de relieve, y ello por dos razones: para destacarlo como hecho histórico específicamente español, pues no hay ningún otro país europeo que pueda mostrar tal simbiosis; y para subrayar que la contribución máxima de la etnia judaica a la cultura y sociedad españolas, es decir, a la cultura y sociedad de la España nacida de lo que Castro llamó «edad conflictiva» —la de gestación y alumbramiento de la España actual— no fue ya obra de judíos propiamente dichos, sino de judeoconversos. Combinando la erudición y el rigor científico con la calidad literaria, este libro aspira a plantear en términos claros estas cuestiones y a darles respuesta equidistante de rencillas de escuela. En las partes primera y segunda de la obra se expone el enfrentamiento teológico e inquisitorial cuyo origen se estudia al detalle. En la tercera parte se revisa la aportación cultural de los judeoconversos en la simbiosis judeocristiana típicamente española, algunos testimonios literarios de aquellas colosales tragedias y ciertos aspectos de la actividad censora de la Inquisición española y portuguesa. En la cuarta se propone el ejemplo de algunas personalidades judeoconversas de más o menos intensa procedencia judía: Alfonso y Juan de Valdés, Joan Lluís Vives, María de Cazalla, fray Luis de León y Miguel Servet.
Esta obra, aparecida por primera vez en 1901, es el fruto de las investigaciones del editor norteamericano Henry Charles Lea (Filadelfia, 1825-1901), quien, una vez retirado, dedicó su atención a la Iglesia Medieval y a la Inquisición. Su labor investigadora, que culminó con una Historia de la Inquisición española (1905-1907), tuvo también presente la tragedia de los moriscos españoles y, así, ofrece aquí una síntesis compendiosa acerca del problema morisco, planteando el papel determinante que la Inquisición jugó en la expulsión de dicho colectivo.
En esta obra, a través de un detallado estudio de la toponimia de la Hispania antigua, Humboldt establece la identidad entre pueblos ibéricos y pueblos que hablaban vasco, punto de partida de una controversia que a lo largo de más de un siglo estará en la raíz de buena parte de los estudios sobre los antiguos pobladores de la Península.
La crisis militar y diplomática de 1898, en la que el Desastre salda definitivamente el proyecto de un imperio colonial ultramarino, marcó profundamente la conciencia de los contemporáneos y dejó una fuerte huella en la memoria colectiva de los españoles. A pesar de la persistencia del régimen y de los modos de hacer política, la referencia a 1898 se convirtió en punto de apoyo para propuestas de transformación que no eran nuevas, pero que ganaron en profundidad y sentido de urgencia. La edad de plata de la cultura española, que vendría a continuación, o el triunfo de los principios democráticos a comienzos de los años 30, tal vez no hubieran sido posibles sin el revulsivo que significó la fecha de 1898, que aquí se analiza en sus muy diversos significados.
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