Joaquín Costa Martínez, político, jurista, historiador, sociólogo y filósofo, nació en Monzón (Huesca), en 1846, en el seno de una respetada familia de labradores, prueba de ello es su propia definición de «un labriego aragonés forrado en intelectual».
La cultura del libro y los cambios editoroiales, los discursos sobre la lectura, la construcción de un canon literario, los espacios de disfusión de los discursos y la cultura política , las "voces vagas" y los rumores, la lengua y las señas de identidad , el uso público y privado de la razón, la noción de autoría, la circulación de los impresos y las transformaciones del poder plítico... son algunas de las piezas del conjunto tratadas por reconocidos especialistas en historia de la cultura, procedentes de variadas disciplinas: Jean François Botrel, Celso Almuiña, Pere Anguera, Edward Baker, Roger Chartier, Manuel lledonosa, Jesús A. Martínez, Carlos Serrano y Antonio Viñao.
Ensayo sobre la naturaleza territorial y política del reino de León y su formación.
¿Cómo influyeron las pautas de consumo familiar en los mercados preindustriales? Con demasiada frecuencia se alude a que gran parte de la actual Castilla y León era entre 1750 y 1850 una economía al borde de la subsistencia y una rémora al crecimiento económico español, dado sus bajos niveles de demanda. Numerosos especialistas han constatado la disminución de los salarios reales e incluso la disminución de los niveles antropométricos en la sociedad castellana. En este contexto, ¿cómo encajaría un incremento del consumo en bienes duraderos y semiduraderos (textiles, bienes relacionados con el equipamiento del hogar, objetos personales, joyas y libros, entre otros) en las clases medias? Para el autor las razones del aumento hay que buscarlas en los niveles de renta e ingresos, en las tasas urbanización, en la profesión de los cabeza de familia, en la evolución de los precios relativos e incluso en un cierto desarrollo del “sentido de lo doméstico” en los hogares. Tales afirmaciones se apoyan en documentación notarial procedente de la provincia de Palencia y en la utilización de una novedosa metodología para cuantificar el gasto en bienes de consumo. Este aumento en el consumo de bienes repercutió en mayor o menor medida en el proceso de industrialización español, en las redes de distribución y comercialización de productos y en los niveles de vida. Por tales razones, la visión económica sobre Castilla y León a finales del Antiguo Régimen debería cuánto menos matizarse.
En el siglo XVIII, los reyes de la casa de Borbón establecen lo que podemos considerar el primer dispositivo de seguridad español, caracterizado por la proliferación de fuerzas dispersas por el territorio y con poca coordinación entre sí. Pieza clave en ese dispositivo fue la protección de los Sitios Reales, encomendada desde 1762 a la entonces creada, Compañía de Fusileros Guardabosques Reales, mas tarde secundada por la Compañía Suelta de Castilla la Nueva, hasta que a mediados del siglo XIX se produce la remodelación de la Guardería real, estableciéndose un nuevo dispositivo de protección. En este libro se desentrañan las diferentes vertientes (delitos, efectivos, puestos de vigilancia, relación con los paisanos, organización, etc.) del proceso que en este aspecto de la vida española lleva de la Ilustración al Liberalismo.
Con el propósito de poner al alcance del público general una revisión actualizada de nuestro pasado que ayude a situarnos hoy y asumir el mañana, nace esta colección de Historia de España. Abanderado de la misma, tiene el lector en sus manos el primero de los dos volúmenes dedicados a la Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica, el que se ocupa de Las fuentes y la Iberia colonial. Pensada especialmente -aunque no sólo- para el estudiante universitario, la obra ofrece un contrastado recorrido por las etapas iniciales de la historia peninsular, desde los albores del I milenio a.C. hasta la Segunda Guerra Púnica. Se analizan en detalle el desarrollo del mundo tartésico, la llegada de fenicios, griegos y púnicos al litoral ibérico y su interacción con las poblaciones locales. El tiempo, por tanto, de las navegaciones y contactos a larga distancia, de las primeras fundaciones urbanas y de la génesis de tradiciones literarias -mitad míticas, mitad reales- sobre una aún remota Iberia. Previa a la narración de los capítulos que componen el grueso de la obra (La Península y el Mediterráneo arcaico: las dinámicas coloniales), hallará el lector una útil introducción a Las fuentes para el estudio de la Hispania antigua, que con sus luces y sombras son el punto de partida para aproximarnos a las sociedades antiguas.
Continuación del anterior, el volumen II de la Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica completa el estudio de la Hispania antigua. En un primer bloque (De los pueblos prerromanos: culturas, territorios e identidades) se desgrana la variada personalidad del poblamiento de la Edad del Hierro. Tanto en la orla mediterránea (el ámbito ibérico) como en el interior y la franja atlántica (el ámbito indoeuropeo o céltico), se analizan las bases culturales así como los sistemas socioeconómicos y políticos de aquellas comunidades, desde sus fases formativas hasta la irrupción de Roma. Seguidamente se aborda el estudio de la Romanidad hispana. Este dilatado horizonte –con más de siete siglos de avatares y procesos– compendia la conquista, explotación y organización de las provincias hispanas imperiales, hasta derivar en las transformaciones de la Tardoantigüedad y la creación del reino visigodo. Junto a protagonistas anónimos transitan por estas páginas célebres romanos en Hispania (Sertorio, César, Augusto) y no menos célebres hispanos en Roma (Séneca, Trajano, Teodosio). Analizados en sus respectivos contextos, unos y otros ayudan a trabar el tiempo en que el latín se convirtió en la lengua dominante en la Península Ibérica.
Este libro relata sus aventuras durante la guerra entre España y Marruecos en el siglo XIX. Núñez de Arce escribió varios textos de intención filosófica y docente.
José María de Murga, más conocido como “El Moro Vizcaíno”, nació en 1827 en Bilbao. De origen noble, fue comandante de Caballería y participó en las Guerras Carlistas. Entre 1854 y 1859 vivió en Londres, Escocia y Constantinopla, siendo testigo de la Guerra de Crimea. Fascinado por los países islámicos, estudió árabe. En 1861, finalizada la campaña de África emprendida por los generales O’Donnell y Prim, pidió su retiro del Ejército para viajar al Magreb por su cuenta. Cuando en 1863 Murga llegó a Marruecos, vivió como un “renegado”, la clase más despreciada del Imperio, y se integró de tal manera en la vida íntima y las prácticas religiosas del país que decidió vestir con chilaba y turbante, adoptando (como también hiciera Badía) el nombre musulmán de El Hach Mohammed el Bagdády. En Marruecos, acompañado de guía/sirviente y un asno sarnoso, ejerció de curandero, sacamuelas, partero, exorcista, buhonero y santón. Su objetivo era conocer el alma del pueblo marroquí. La edición ha sido realizada por el historiador y escritor Federico Verástegui, quien lleva dos décadas dedicado incansablemente al estudio de la vida y obra del Moro Vizcaíno.
El conflicto árabe-israelí, conocido de manera genérica como del Oriente Medio, es uno de los fenómenos que inciden de una manera más determinante en la realidad internacional. La política exterior española ha desplegado en los últimos años un protagonismo importante en el mismo, como lo ponen de manifiesto la Conferencia de Madrid de 1991, la de Barcelona en 1993, o el recién creado Foro de Formentor. Para España la relación con este conflicto viene determinada por la falta de relaciones con el Estado de Israel desde su creación, en 1948, hasta 1986. Este factor constituye uno de los aspectos fundamentales de este libro, al que hay que añadir otros como la vinculación de España a los países árabes y el inicial aislamiento del régimen de Franco. Se intenta hacer una reconstrucción exhaustiva de la posición española ante el conflicto del Oriente Medio y las relaciones con Israel hasta la actualidad.
La plena inserción de España en la comunidad de países occidentales tiene sus antecedentes históricos más inmediatos en el estrechamiento de las relaciones del régimen franquista con los Estados Unidos, iniciado durante el último mandato del presidente Harry S. Truman y consolidado durante los dos de su sucesor en la Casa Blanca, Dwight D. Eisenhower. Este libro es un análisis tanto de las motivaciones que condujeron a ese acercamiento en los años en que se fraguaba la división del mundo en bloques antagónicos, como de las derivaciones que la negociación y firma de los acuerdos bilaterales de septiembre de 1953 tuvieron para el surgimiento de un modelo de relaciones políticas, económicas y militares que se mantendría vigente durante un buen número de años. Todo esto viene a ofrecer, por parte de las sucesivas administraciones estadounidenses hasta la de Kennedy, un significativo ejemplo de acomodación política e ideológica a las nuevas circunstancias internacionales salidas de la Guerra Fría. Y por parte del régimen franquista, una muestra de cómo las relaciones exteriores pueden, bajo ciertas condiciones, contribuir a la rehabilitación y la consolidación interna de un régimen hasta poco tiempo antes repudiado por la mayor parte de la comunidad internacional.
Esta obra responde, a través de la pluma de diversos autores, a los dos grandes retos de un movimiento de profundas raíces históricas, el republicano: su pervivencia en la política «globalizada» de nuestros días y la presencia de su alternativa ética y cultural en la España de hoy. El estudio de las aportaciones de Manuel Azaña, tanto en el plano intelectual como político, es enriquecido con la memoria viva del exilio español y su rica herencia cultural, que trasciende nuestras fronteras. La España vasalla del franquismo muestra la losa retardataria que quebró -durante cerca de cuatro décadas- el futuro de un pasado español reciente. La ética laica y la cultura progresista, baluartes del republicanismo a través de la historia, representan la herencia fundamental para la puesta en marcha de un siglo y un milenio. Ambas constituyen el bagaje esencial para esa «modernidad que ha llegado pero ha llegado incompleta» a España. Ahí es donde la República tiene mucho que ofrecer.
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