La Constitución de los Estados Unidos fue redactada en la Convención Constitucional en Filadelfia en 1787, firmada el 17 de septiembre de 1787 y ratificada por el número requerido de estados (nueve) el 21 de junio de 1788. Sustituyó los Artículos de la Confederación, los estatutos originales de los Estados Unidos que estaban vigentes desde 1781.
La eclosión de EE.UU. como superpotencia después de 1945 fue el resultado de un largo proceso desarrollado durante la primera mitad del llamado siglo americano. Su participación en la Primera Guerra Mundial significó un punto de inflexión en su política de no intervención en los conflictos europeos. Desde los años 20, EE.UU. no dejó ya de mediar en los problemas del Viejo Continente. Simultáneamente, su diplomacia trabajó para que ciertos productos y compañías estadounidenses fueran conquistando los mercados al otro lado del Atlántico. Esta monografía estudia la gestación de la hegemonía norteamericana en Europa a través del caso español, cuya importancia nació mucho antes que los acuerdos de las bases de 1953. A partir de 1898, España se vio involucrada en muchas actividades de la diplomacia moral estadounidense, desde los acuerdos de conciliación previos a 1914 hasta el pacto Briand-Kellogg a finales de los años 20. Durante la Gran Guerra tuvo un importante papel en los planes bélicos de Norteamérica, viéndose sometida a los vaivenes y las presiones provenientes de Washington. A partir de entonces, comenzó a recibir la llegada masiva de mercaderías y empresas estadounidenses en un patrón que se prolongó durante la década de 1920. A lo largo esos años, la política de los Estados Unidos hacia España se homologó sustancialmente con la seguida en el resto de Europa Occidental.
La publicación de un libro sobre la historia de la relación atlántica en los últimos cien años parece especialmente oportuna. Es difícil encontrar una relación que haya sido más beneficiosa tanto para sus Estados miembros como para la comunidad internacional y, sin embargo, se ha generalizado en los últimos años la impresión de deterioro y enfriamiento. El conocimiento de la relación atlántica, desde una rigurosa y detenida perspectiva histórica, puede dar claves esenciales para comprender esta larga y compleja relación. En once capítulos, este libro desarrolla la historia de la relación atlántica desde sus comienzos, en la época colonial, pasando por dos guerras mundiales, el nuevo orden de Yalta y los años de guerra fría, para acabar contemplando las relaciones comerciales e institucionales de los Estados Unidos y la Unión Europea en los comienzos del siglo XX.
La Guerra Fría fue un enfrentamiento estratégico, diplomático e ideológico, pero también informativo y cultural. Además de alianzas militares y programas de ayuda económica, los Estados Unidos organizaron campañas masivas de propaganda informativa y cultural para reforzar la cohesión del bando occidental. Durante las administraciones de los presidentes Truman (1945-1953) y Eisenhower (1953-1961) se creó una poderosa maquinaria destinada a ganarse “los corazones y las mentes” de las gentes de todo el mundo, el precedente inmediato de lo que hoy se conoce como public diplomacy. Se utilizaron la radio, el cine, las publicaciones impresas, las bibliotecas y las “casas americanas”, los intercambios educativos y las invitaciones a líderes sociales para realizar viajes de inmersión en la realidad estadounidense, todo ello con el apoyo indispensable de fundaciones y organizaciones civiles. El objetivo fue crear un clima de opinión en el extranjero favorable al liderazgo norteamericano, pero también la extensión entre los aliados del American way of life.
Uno de los rasgos que más han resaltado las obras centradas en la historia de Estados Unidos es el de su excepcionalismo. Si bien casi todas las historias nacionales se distinguen por esta cualidad, en los trabajos históricos sobre Estados Unidos la insistencia sobre la singularidad de su desarrollo histórico es todavía mayor. Desde la fundación de las primeras colonias inglesas en Norteamérica, estuvo presente el deseo de alejamiento y de realización de un mundo verdaderamente nuevo, más equilibrado y justo que el de la vieja Europa. Esa idea de separación, de ruptura, de diferencia, ha sido un hilo conductor, según muchos historiadores, del devenir de la nación americana.
Una de las primeras conclusiones de este breve recorrido por la historia de Estados Unidos es que las corrientes culturales, los ritmos económicos, los movimientos y los conflictos sociales son similares a los del resto de América y de Europa. Ilustración, republicanismo, esclavitud, movimientos de reforma románticos, experiencias utópicas, industrialización, inmigración, movimiento obrero, aparición de grandes y diversas metrópolis, crisis económicas, fundamentalismos religiosos y traumáticos conflictos bélicos estuvieron presentes a ambos lados del Atlántico.
Esta Historia de Estados Unidos acompaña al lector a través del tiempo y del espacio. Desde las primeras exploraciones europeas hasta el inicio de la presidencia de Barack Obama, recorreremos los procesos que concluyeron en un asombroso crecimiento territorial, demográfico, económico, político y de prestigio cultural.
Pero este libro también se detiene en los conflictos y en las fisuras que hacen que la historia de Estados Unidos sea una historia rica, compleja, y que su comprensión esté expuesta a múltiples interpretaciones.
El propósito de este libro es examinar hasta qué punto las ideas de la Ilustración informaron la política de dos estadistas de los primeros años del siglo XIX: el príncipe Clemens Metternich de Austria y el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson. Aunque habitualmente se ha considerado a Jefferson como representante de una filosofía política típicamente ilustrada y a Metternich, por el contrario, como un reaccionario, las conclusiones de este estudio indican que hay que revisar esos estereotipos. El examen de las teorías políticas y de las fuentes históricas y documentales ha demostrado que Jefferson siguió una línea tradicional y conservadora en su política social, y que Metternich, por su parte, se adhirió a la idea kantiana de la federación europea, e intentó llevar a cabo una serie de proyectos de política interior de carácter innovador e ilustrado.
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