La vieja polémica Laicidad/Confesionalidad vuelve a surgir, con fuerza, merced a dos circunstancias que concurren en la actualidad: la afluencia a las aulas, sobre todo de los centros públicos, de un número creciente de alumnos de otras confesiones religiosas distintas de la católica y la recurrente reforma educativa que tiene en la presencia de la religión uno de los puntos más polémicos. En este contexto, el Colectivo Lorenzo Luzuriaga, en su compromiso de concurrir al debate sobre la educación en España, convocó a un plantel de expertos en la materia y les invitó a estudiar la evolución del laicismo en nuestro país, en sus coordenadas filosóficas y políticas, y a redefinir sus objetivos a la vista de los enemigos que se le enfrentan en la sociedad actual. Asimismo, les pidió un análisis riguroso de la normativa que rige la presencia de la religión en la escuela a la luz de la Constitución. Este libro contiene los resultados de ese esfuerzo de esclarecimiento. Las reflexiones de los especialistas van acompañadas de algunos informes complementarios destinados a enriquecer la polémica. Se incluyen, en fin, las conclusiones del Colectivo sobre el asunto. En todos sus apartados, el lector hallará invitaciones al diálogo con las personas interesadas en defender la libertad de conciencia y en promover una moral cívica más exigente en el marco de las reglas de convivencia democrática.
Las cartas sobre la mesa es un libro que reúne los discursos que apuntan a la mitad vacía del vaso, a la desnudez del emperador, a la precariedad de nuestras democracias, a la intemperie del pensamiento y a la crisis de la izquierda, entre otros temas. En estas páginas hay una selección del trabajo realizado por Faride en la Revista Rocinante, que por siete años –hasta su cierre en octubre del 2005– dio cuenta de los principales debates políticos, sociales, artísticos y culturales de la transición chilena, de América Latina y de Europa. Hay aquí cuarenta entrevistas a hombres y mujeres, chilenos y extranjeros. En muchas de ellas las interrogantes sobre la memoria, el pasado, la historia, son recurrentes. Como también la lectura de este tiempo carente de relatos, o el diagnóstico de la transición chilena con sus vacíos y frustraciones.
El que tienes en las manos, lector(a), es un libro intelectualmente honrado, y no es ni política ni académicamente innecesario. Que ya es mucho decir de un libro, en los tiempos que corren y en las latitudes que habitamos. Pero el breve y enjundioso texto de mi amigo, colega académico y compañero de luchas políticas Daniel Raventós, además de ser excelentemente breve y enjundioso, es sobre todo muy oportuno. Precisamente por eso: porque propone una defensa de la Renta Básica que, acaso por recordar por vez primera con primorosa justicia el origen de la propuesta en las preocupaciones del republicanismo democrático-revolucionario europeo de fines del XVIII, consigue revivir el estilo filosófico-normativo del mismo, que tan dichosamente heredó el socialismo marxista del XIX y tan desdichadamente olvidaron los liberalismos y el grueso de los socialismos del siglo XX. Ojalá que esta defensa republicana no-ideal, institucional e histórica de la Renta Básica provoque saludables discusiones que hagan avanzar, con la de la propia Renta Básica, las causas de la democracia republicana y de un socialismo a la altura de los tiempos.
ANTONI DOMÉNECH
(Del prólogo de este libro)
Frente al modelo de Sociedad y de Empresa en la era de la Globalización, se nos presenta la filosofía cooperativa. El Cooperativismo permite conjugar los intereses comunitarios y los particulares de los socios, dando cobertura, por la democratización económica que supone, al legítimo derecho de participación de los socios. Por ello, junto al Profesor Divar, otros muchos pensadores, desde distintas disciplinas, sostienen que la participación económica (básicamente en las empresas en las que se trabaja) produce una auténtica sociedad democrática, pues la sola participación política termina siendo meramente formal y ritual, máxime cuando el poder económico va limitando y haciendo poco menos que subordinado al poder económico. Además, los valores del sistema cooperativo (y, entre ellos, la existencia de una auténtica democracia participativa) son eficaces para alcanzar, junto al económico, otros objetivos de orden personal como la autoestima, la autorrealización…
El cooperativismo supone una evolutiva socialización de los medios de producción, pero de socialización privativa, es decir, manteniendo el principio liberal constitutivo y de funcionamiento empresarial. Además democrática, tanto en lo referente a su propia actuación orgánica como al respeto escrupuloso de las demás formas de empresa.
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