Los cuentos de Géza Csáth tienen magia, ácida profundidad y lirismo salvaje. En cada uno de ellos, de modernidad atemporal, se descubren ecos de escritores clásicos y modernos; la crueldad de Agota Kristof, la amarga ironía de Kosztolanyi o la misoginia de Sándor Márai. Su literatura desnuda va más allá de su época para imponer un estilo de forma contundente en fondo y forma. No se puede ir más lejos en los relatos «Padre e hijo», «Matricidio» o «La muerte del mago». Son modélicos. Como manifiesta en «Opio» a Csáth le interesa más una vida intensa que longeva. Se lanza sobre sus personajes como el cirujano trepana en la mesa de operaciones a la búsqueda del tumor escondido en los rincones del alma.
Obra del periodo de entreguerras los relatos reunidos bajo el título Cuentos transilvanos señalan el fin de un trascendente ciclo de la evolución en la prosa rumana, en cierto modo equiparable al Costumbrismo español. Pavel Dan, continuador de la línea marcada por escritores de la talla de Ioan Slavici, Ion Agârbiceanu y Liviu Rebreanu, aspira a elaborar un gran fresco social como autor transilvano utilizando regionalismos, léxico y temática transilvanos, pero además de eso añade a su obra extraordinaria «la frase ardua y rocosa, pero de gran plasticidad y sugestiva densidad, el talento de prosista de un Slavici y el ojo observador de un Rebreanu», en palabras del crítico G. Calinescu. Para muchos Pavel Dan es un epígono del realismo, pero de un realismo con inserciones de magia y superstición que casi abrazan lo etnográfico, desprovisto de concesiones a lo metafísico y trascendente.
En este ensayo se analiza uno de los aspectos centrales de la llamada condición posmoderna: la transformación de la cultura generada por la implosión de los medios de comunicación electrónica.
Entendida la literatura como orden ideal sin fronteras espaciales o temporales, la autora se aproxima a ella intentando interpretar
sintéticamente los hechos literarios y siempre con el propósito de percibir, a pesar de las disonancias, un sentido unitario.
Las buenas letras, las ciencias, las artes tuvieron sus épocas florecientes hasta llegar al sumo grado de perfección que ha podido conocerse. Después padecieron el trastorno general que es bien notorio. Desde su restauración, nacida de aquellas cenizas que se conservaron, han tenido también sus respectivas épocas de auge y declinación. Han viajado por los países más cultos, dejando en ellos más o menos impresión, a proporción de las vicisitudes de los mismos estados en que han ido haciendo sus mansiones.La Italia, y seguidamente la España, fueron los países en donde se hospedaron primero, después pasaron a Flandes, y a Francia, luego se extendieron a Inglaterra, Alemania,&c. La situación de la Francia en el centro de la mejor parte de Europa, las felices circunstancias con que se engrandeció su monarquía, y que han extendido su correcto idioma, son la causa de que de un siglo a esta parte, por una especie de tácito convenio, casi universal, sea París el asiento en que, al modo de decir se han fijado. Es la oficina de donde salen los elaborados trabajos que en general sirven de reclamo y de modelo a las demás naciones; salvo el mérito de cada una, y su derecho a sus inventos y adelantamientos particulares.
“Defensa del dios” sigue la trama de “Los papeles de Aspern” de Henry James, como guion del que se propusiera extraer nuevos significados en esta versión más desinhibida. Bajo la apariencia de una entretenida novela de subido tono erótico, Santiago Vila escudriña en las complejas relaciones entre maestro y discípulo, la norma y lo prohibido, realidad y fantasía con gran habilidad y hondura. El famoso director de cine Javier Espert ha ocultado las escenas finales de su última película. Un discípulo fascinado por el maestro intentará recuperar las imágenes que esconderían lo mejor de su arte. Pero su viuda, y una seductora adolescente, sobrina del director, guardan celosamente la cinta y para recuperarla, Santiago Vila conduce al lector a una aventura donde no existen trabas ni límites para acceder al secreto.
Los años que señalan el paso del siglo XIX al XX representan una de las crisis más dramáticas y de más amplio espectro en la historia contemporánea de España. Y ello no sólo por obra del llamado «Desastre» -la derrota final en la guerra de Cuba-, sino por un decisivo cambio de mentalidades y de talante histórico que en gran parte venía de antes y cristaliza justamente por estos años. Asistimos, a la vez, a una profunda crisis de conciencia, un ansia de renovación política, una nueva actitud ante los problemas económicos, fenómenos sociales tan distintos, pero tan concomitantes, como la «revolución de las clases medias» y «el 98 de los obreros», la aparición de nuevas actitudes estéticas a la vez que un nuevo planteamiento problemático por parte de los intelectuales, y la consagración de las actitudes regionalistas o nacionalistas que acabarían siendo una constante del problema de España de los últimos cien años.
La historia literaria debe mostrar procesos amplios, no ser un simple encadenamiento de monografías. Tal es el criterio que orienta Del clasicismo al 98, obra donde se describen las respuestas de la literatura española frente a la nueva percepción de la realidad que se da desde el siglo ilustrado. Superado el papel del creador dentro del orden clásico -reflejar un mundo objetivo que encaja como un anillo en un sistema universal e indiscutido-, nuestros escritores acometen la empresa de manifestar la mentira de la realidad, mostrar su malestar ante ella o, por fin, tratar de modificarla, hasta que, ya en este nuestro siglo que se acaba, se sintieron liberados, por un momento, de atender a tareas ajenas a su profesión. Por desgracia, ese proceso quedó truncado por la Guerra Civil. Esa trayectoria es la que Domingo Ynduráin recorre con un estilo vigoroso y personal, no exento de ironía. Muy personal en sus juicios, pero colmado de documentación, aduciendo textos sin cesar, reconstruye la historia moderna de las letras españolas y la coloca en su marco, el de la cultura occidental.
El presente libro se propone cubrir la obra juvenil de Pereda desde sus comienzos como escritor hasta 1878, cuando aparece El buey suelto. Para enjuiciar debidamente la obra de madurez debería conocerse bien la de esta época pues es imprescindible tenerla en cuenta para estudiar su producción más tardía. Además de los capítulos dedicados al periodismo y al costumbrismo, los demás están dedicados a otros aspectos tan poco explorados de la obra de Pereda como su producción teatral, su labor como crítico de teatro, su poesía, los periódicos y revistas políticas fundados por él o en los que intervino señaladamente, y su afición a la polémica y a la sátira. Salvador García Castañeda estuvo encargado del Instituto Hispano-Arabe de Cultura de Baghdad, Iraq, se doctoró en Lenguas Románicas en la Universidad de California, Berkeley, enseñó Literatura Española en San Francisco State University, en la University of Michigan, Ann Arbor, y en la actualidad es catedrático de Literatura Española en The Ohio State University, en los Estados Unidos. Es autor de numerosas publicaciones, entre ellas: Las ideas literarias en España entre 1840 y 1850, University of California Press, 1971; Miguel de los Santos Álvarez (1818-1892). Madrid, SGEL, 1979; Valentin de llanos y los orígenes de la novela histórica. Valladolid: Diputación Provincial, 1991; Los montañeses pintados por sí mismos. Un panorama del Costumbrismo en Cantabria. Ayuntamiento de Santander, 1991; Telesforo de Trueba y Cosío (1799-1835). Universidad de Cantabria, 2001.
Este libro, cuya mejor cualidad puede que sea el eclecticismo, pretende, en primer lugar, estudiar la evolución y las peculiaridades de ese sector de la narrativa de Ramón Pérez de Ayala acotado por el título del mismo; un sector, hasta aquí, tratado de forma fragmentaria. En segundo lugar, pone la narrativa breve de este autor en relación con la totalidad de su obra, pues es evidente que un mismo y coherente sistema de ideas y una misma concepción de la literatura sustentan y dan sentido a las dos vertientes de la obra de un mismo autor: en Pérez de Ayala nada se produce de manera aislada.
Del sentimiento trágico de la vida. En los hombres y en los pueblos representa una exposición descarnada de la eterna lucha entre la fe y la razón, como solución unamuniana al problema de la inmortalidad personal. Lo verdaderamente irracional, es decir, al margen de la razón, es la creencia en la inmortalidad. Y, sin embargo, fe, vida y razón se necesitan mutuamente. El anhelo de inmortalidad no puede formularse en proposiciones racionalmente discutibles, pero se nos impone del mismo modo que el instinto de conservación personal. Razón y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro: lo irracional pide ser racionalizado y la razón sólo puede operar sobre lo irracional. Tienen que apoyarse el uno en el otro y la lucha es su modo de asociación. Fe y razón se necesitan: la fe necesita a la razón para hacerse transmisible, refleja y consciente, mientras que la razón sólo puede transmitirse sobre la fe, pero ni la fe es transmisible racionalmente, ni la razón es vital. La solución unamuniana viene a través de la conversión de un viejo aforismo: nihil cognitum quin praevolitum.
Apoyado en la intersección de la teoría querer y la sociología posmoderna, y tomando como objeto de estudio la obra de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma y Luis Antonio de Villena, esta obra explora la relación entre la representación del espacio, el deseo homosexual masculino, y la preocupación formal en la poesía española del siglo XX. Desde esta relación, el libro contribuye a un esfuerzo crítico que en los últimos años ha dirigido su atención al cuestionamiento de la masculinidad hegemónica y de la heterosexualidad obligatoria en el ámbito cultural hispano.
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