El mayor encanto, amor (también conocida como El mayor hechizo, amor) relata las peripecias de Ulises y su tripulación en la isla de la maga Circe. La obra pertenece al conjunto de los textos de Calderón inpirado en mitos clásicos.
Un marido celoso asesina a su mujer al sospechar que le es infiel. El médico de su honra trata sobre las pasiones humanas, la traición, aderezada con celos, desconfianza, amor y desdén.
Esta obra traza un perfil que será después clásico de la literatura de la España del siglo XVII, el del galán presuntuoso, el petimetre cortesano, narcisista, pagado de sí mismo, algo provinciano pendiente siempre del espejo para exhibir su presunta capacidad de seducción.
El mito del hombre negro que sirve en los ejércitos de Occidente tiene su principal referencia en Otelo. Sin embargo, la literatura de España tiene numerosas variantes de este tema en obras como El santo negro Rosambuco, de Lope de Vega, y El negro del mejor amo.
Auto sacramental.
El perro del hortelano pertenece a la llamada comedia de fábrica, la versión aristocrática de la comedia de capa y espada. En esta comedia de Lope el honor se salva por la mentira, dando así ocasión a situaciones confusas y enredos divertidos. La ironía lopesca es hacer de los títulos una cuestión de formas.
Calderón parodia en un pasaje de esta pieza el sermón acusatorio que pronunció contra él un fraile tras su irrupción en el convento en que se alojaba una hija de Lope de Vega.
La familia árabe de los Abencerrajes fue muy influyente en Granada durante el siglo XV. Su rivalidad con la de los Cegríes, en constantes guerras civiles, fue decisiva en la caída del reino de Granada.
El rufián dichoso narra la vida llena de excesos de fray Cristóbal de Lugo y su posterior conversión y muerte.
Estrenada en el Teatro Apolo en 1898. Trata de los problemas que atraviesa la pareja formada por Venancio e Isidra ante el acoso que sufren por parte de un antiguo novio de ella llamado Epifanio.
El semejante a sí mismo ironiza las mentiras de los personajes que ocultan la verdad para seducir, y ridiculiza la falta de verosimilitud de estos episodios amorosos.
Este volumen recupera a un autor, Jacinto Grau (1877-1958), y una obra, El señor de Pigmalión (1921), casi olvidados, pese a su importancia en el teatro español de vanguardia. Preterido por sus compatriotas, Grau gozó de un cierto reconocimiento en la Europa de los años 20, avalado por personalidades como Charles Dullin y Karel apek. Sus últimos años, tras la Guerra Civil, transcurrieron en Argentina, donde continuó su labor.
Aborda el teatro como texto, su vida al albur de cada representación de la obra y los cambios y modelizaciones que cada una de las puestas en escena provocan en un grupo de señeras obras del Siglo de Oro español.
Don Mendo, doña Ana, Beltrán y el Conde aparecen en otras obras de Ruiz de Alarcón como La prueba de las promesas, El examen de maridos, Las paredes oyen, Los pechos privilegiados, Ganar amigos y La verdad sospechosa.
Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 1562-Madrid, 1635). España. Nació en una familia modesta, estudió con los jesuitas y no terminó la universidad en Alcalá de Henares, parece que por asuntos amorosos. Tras su ruptura con Elena Osorio (Filis en sus poemas), su gran amor de juventud, Lope escribió libelos contra la familia de ésta. Por ello fue procesado y desterrado en 1588, año en que se casó con Isabel de Urbina (Belisa). Pasó los dos primeros años en Valencia, y luego en Alba de Tormes, al servicio del duque de Alba. En 1594, tras fallecer su esposa y su hija, fue perdonado y volvió a Madrid. Allí tuvo una relación amorosa con una actriz, Micaela Luján (Camila Lucinda) con la que tuvo mucha descendencia, hecho que no impidió su segundo matrimonio, con Juana Guardo, del que nacieron dos hijos. Entonces era uno de los autores más populares y aclamados de la Corte. En 1605 entró al servicio del duque de Sessa como secretario, aunque también actuó como intermediario amoroso de éste. La desgracia marcó sus últimos años: Marta de Nevares una de sus últimas amantes quedó ciega en 1625, perdió la razón y murió en 1632. También murió su hijo Lope Félix. La soledad, el sufrimiento, la enfermedad, o los problemas económicos no le impidieron escribir.
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