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Ediciones PolifemoDesde 1980, fecha de su creación, Librería Polifemo se propuso desarrollar, paralelamente a su labor como librería general, secciones especializadas relacionadas con la Historia de los Viajes, la Historia de América y Filipinas y la Historia de España. |
Francisco Javier Simonet (1829-1897) es uno de los más conocidos integrantes de la escuela de arabistas españoles que surgió con el Romanticismo. Autor entre otras muchas obras, de la Historia de los mozárabes españoles y de la Descripción del reino de Granada - basada en el texto árabe de Ibn Abd al-Játib, compuso en 1858 unas Leyendas históricas árabes, de las que hemos seleccionado la correspondiente a Almanzor. En ella, utilizando abundantes fuentes árabes y cristianas, pero sirviéndose sobre todo de la biografía del caudillo musulmán escrita por al-Maqqari, Simonet traza un hermoso relato, propio del Romanticismo literario, y a la vez una de las más completas y documentadas descripciones de la vida y hechos del que fuera hayib del califa Hixem II.
Aníbal Barca, el mayor enemigo de Roma, es uno de esos personajes cuyas hazañas militares, heroicas victorias y dramático final han suscitado un enorme interés, confundiendo en ocasiones la realidad histórica y su dimensión mítica. El general cartaginés protagonizó con su vida y acciones un retazo de la historia del Mediterráneo antiguo y su figura se aborda en esta obra de forma poliédrica, delineando los contornos que definen al bárbaro, al príncipe, al estratega, al político y al viajero, a través de las más recientes investigaciones históricas y los últimos descubrimientos arqueológicos.
Se analiza la construcción, funcionamiento y empleo de la maquinaria bélica en la Antigüedad grecorromana, partiendo de la premisa de que la artillería y las máquinas de asedio jugaron un significativo papel en el desarrollo de las campañas militares. Se tiene en cuenta su utilización en el asalto a fortificaciones y su empleo en batallas campales. También se estudian las transformaciones que las nuevas tecnologías provocaron en las concepciones bélicas. Se procede a la descripción sistemática y al estudio de cada una de las máquinas de asalto y piezas de artillería empleadas en el mundo griego y latino, con especial énfasis en este último.
Esta biografía ofrece una visión sorprendente de la sociedad peninsular del siglo XIII. Berenguela tuvo la suerte de nacer y vivir en la gran encrucijada de la historia peninsular de la Edad Media: el periodo central del siglo en el que se formaron los grandes centros del poder cristiano, desapareció casi completamente el enemigo musulmán que durante cinco siglos había sido la pesadilla de la Cristiandad y se produjo en toda Europa un renacimiento artístico y cultural como no se conocía desde la caída del Imperio romano. El renacimiento del siglo XII tendrá en la Península un desarrollo posterior que alcanzará su máxima expresión con el surgimiento del humanismo vernáculo, representado por la obra de su nieto predilecto, Alfonso X.La figura de Berenguela atrae como un imán a quien se acerca porque, en una época dominada por la fuerza y la violencia de la guerra, consiguió unir Castilla y León y apaciguar los enfrentamientos con Navarra, Portugal y Aragón mediante pactos y negociaciones diplomáticas, sin derramamiento de sangre.Una de las mayores aportaciones de esta biografía al conocimiento de Berenguela es el estudio del poder personal que poseyó, primero, como regente del reino de Castilla, y después, como correinante con su hijo Fernando III. Cuando se habla de poder femenino, obviamente no se refiere al manejo de las armas, ni a las violentas tácticas empleadas -por ejemplo- por doña Urraca para controlar a la nobleza, sino a otro tipo de poder, consistente en una extraordinaria habilidad personal, compuesta por inteligencia, agudeza, tacto, perspicacia y sobre todo prudencia, virtudes racionales que adornaron a Berenguela, no solo en su comportamiento personal (curialitas), sino también en la negociación de complicados acuerdos y treguas, en la gestión de las propiedades familiares y, sobre todo, en el gobierno y organización del Estado.Si la biografía de Alfonso X el Sabio, aparecida en esta misma colección hace algunos años, recibió el elogio de la crítica y mereció el Premio Internacional al mejor ensayo sobre Lengua, Literatura y Estudios Culturales de la prestigiosa revista La Corónica, la que ahora presenta sobre Berenguela la Grande muestra las mismas virtudes y representa un exhaustivo intento de recuperación de una de las figuras más atractivas de la Edad Media peninsular.
En los siglos XVI y XVII, parte del territorio de la actual República Italiana formó parte de una entidad conocida como Monarquía Hispana o Monarquía Católica. Su naturaleza política solo se entiende desde el paradigma de la corte, desde la existencia de un entramado que, con diversos vínculos, con múltiples ramificaciones, articuló un espacio cuyos dos polos principales, pero no únicos, los constituyeron las cortes de Madrid y Roma.
En la Italia que no estaba bajo el dominio de la Casa de Austria, soberanos como los duques de Saboya, Mantua o Parma –ellos mismos o sus familiares–, estuvieron en la nómina de los puestos de gobierno de la Monarquía, al frente de virreinatos, ejércitos, embajadas, etc. Cuando un soberano concede a otro el mando de sus ejércitos, de una provincia o le encarga su representación, los vínculos convencionales entre estados no parece que den mucha información sobre la realidad política, y debe irse más allá de los vínculos formales entre “estados” (intercambio de embajadores, definición de fronteras, soberanía territorial…) para comprender la naturaleza del fenómeno. Deben analizarse las redes de cortes, con todas sus variables familiares y, sobre todo, clientelares, porque las casas y las cortes de los soberanos se hallaban en el epicentro del sistema de relación y cohesión del poder.
De esa forma, la permanencia de la Monarquía como poder hegemónico en Italia estuvo vinculada a la integración de las elites de ambas penínsulas en proyectos comunes, cimentados por el parentesco y por las redes clientelares y de patronazgo.
Génova, Roma y las diferentes cortes italianas se acoplaron a la realidad de la Monarquía Hispana haciendo de Italia un complemento fundamental en lo político (el desarrollo del “sistema español”), en lo militar (frente al Imperio Otomano), en lo religioso (Roma ejerció como autoridad espiritual y jurisdiccional) y en lo económico (Génova fue el principal centro financiero).
Por otra parte, Saavedra Fajardo estableció, en el siglo XVII, los términos sobre los que se sustentaba una larga tradición de entendimiento entre los ingenios de ambas naciones. A su juicio, ambas cayeron en el silencio durante las invasiones de bárbaros y musulmanes, ambas despuntaron al unísono: Petrarca y Dante por un lado y Juan de Mena y el marqués de Santillana por otro sacaron a las lenguas italiana y española de la barbarie, igualándolas al latín –“su espíritu, su pureza, su erudición y gracia les igualó con los poetas antiguos más celebrados”–. A pesar de este forzado paralelismo, Diego de Saavedra no tenía duda de que, en primer lugar, iban los italianos: Petrarca, Dante, Ariosto y Tasso abrían caminos, eran señalados como precursores y marcaban, como punto de partida y de comparación, su breve relato de la literatura española desde Garcilaso (que comenzó a escribir “en tiempos más cultos”) hasta Lope o Góngora. Parecía ineludible que, al hacer repaso de la Historia de las letras españolas, se comenzase con autores italianos; salvo Camoens y Ausias March, ningún autor de cualquier otra lengua figuraba en el Parnaso español.
Cada vez que se alude a los fundamentos de la modernidad europea todas las miradas convergen en Italia. En el caso español es inevitable: la producción literaria y artística, así como la cultura, la política, la religión y casi todas las manifestaciones de la sociedad del Siglo de Oro imitaron, siguieron, compararon, emularon e incluso trataron de superar al país cisalpino. Modelo admirado y, a la vez objeto de codicia tras las famosas guerras de Italia (1494-1559), los españoles fueron dominadores y también “dominados”.
En el caso de las relaciones artísticas y culturales, aunque la división pueda parecer artificiosa, se pretende subrayar y enfatizar una idea planteada por Benedetto Croce y no suficientemente desarrollada después, la de que no podía concebirse el Renacimiento o el Barroco italiano sin contar con lo español.
Conforme a esa premisa, se propone aquí una lectura semejante pero a la inversa: el Siglo de Oro y las realizaciones en el mundo de las ideas, la literatura y el arte suelen verse como algo propiamente español pero no es concebible sin la profunda huella de lo italiano en la vida española. Resulta evidente que ese fecundo intercambio propició el desarrollo de la cultura cortesana y los ejemplos de Castiglione y Guevara son buena muestra de ello.
Más de quinientos títulos se recogen en esta bibliografía cinematográfica que incorpora una historia cronológica del Cine Español a través de sus películas más representativas y la filmografía de algunos de los directores más significativos, así como textos y citas de diversa índole y un importante material gráfico.
Esta segunda edición incorpora nuevas fichas bibliográficas e índices de autores y de títulos, que convierten el conjunto en útil instrumento de consulta, más allá del mero interés bibliográfico.
Indice. Presentación. Prólogo. Nota del autor. Agradecimientos. Introducción: La teoría de la Revolución hoplita como objeto de investigación. Cap. I. La teoría de la Revolución hoplita. Cap.II. Deudas con la Antigüedad. Los fundamentos clásicos de la Revolución hoplita. Cap. III. Dos mundos contrapuestos. El combate homérico y la falange hoplita. Cap. IV. El hoplita y la falange. Una cuestión de concepto. Cap. V. Determinismo tecnológico. Escudo argivo, falange hoplita y superioridad militar. Cap. VI. Soldados y ciudadanos. La guerra griega y la política interna de la ciudad-estado. Conclusión. Guerra, sociedad y política en la Grecia Arcaica. Bibliografía. Catálogo de batallas. Indice de figuras. Indice analítico. Indice de fuentes clásicas.
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