Continuación del anterior, el volumen II de la Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica completa el estudio de la Hispania antigua. En un primer bloque (De los pueblos prerromanos: culturas, territorios e identidades) se desgrana la variada personalidad del poblamiento de la Edad del Hierro. Tanto en la orla mediterránea (el ámbito ibérico) como en el interior y la franja atlántica (el ámbito indoeuropeo o céltico), se analizan las bases culturales así como los sistemas socioeconómicos y políticos de aquellas comunidades, desde sus fases formativas hasta la irrupción de Roma. Seguidamente se aborda el estudio de la Romanidad hispana. Este dilatado horizonte –con más de siete siglos de avatares y procesos– compendia la conquista, explotación y organización de las provincias hispanas imperiales, hasta derivar en las transformaciones de la Tardoantigüedad y la creación del reino visigodo. Junto a protagonistas anónimos transitan por estas páginas célebres romanos en Hispania (Sertorio, César, Augusto) y no menos célebres hispanos en Roma (Séneca, Trajano, Teodosio). Analizados en sus respectivos contextos, unos y otros ayudan a trabar el tiempo en que el latín se convirtió en la lengua dominante en la Península Ibérica.
Este libro trata de explicar sintéticamente los tres factores históricos de naturaleza socioeconómica, con referencias también al marco jurídico-político-institucional, que han producido la gran quiebra mundial en los casi tres últimos siglos (desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta finales del siglo XX) y que están en la base de nuestras actuales sociedades desarrolladas: la Revolución industrial con sus distintas fases, el papel desempeñado por los trabajadores y el Estado del Bienestar. Sin un conocimiento suficiente de nuestro pasado no nos podemos reconocer fehacientemente y, por lo tanto, es posible lanzar erróneos proyectos de futuro. La Revolución industrial y el proceso de industrialización han sido requisitos necesarios, aunque no siempre suficientes, para que los países más ricos y desarrollados del mundo hayan podido establecer Estados del Bienestar. Los trabajadores, buena parte de ellos considerados en la actualidad como clase media, han sido fundamentales en los cambios históricos citados. El subdesarrollo y la dependencia subordinada de la mayor parte de las sociedades del mundo a los países desarrollados es la otra cara menos amable, más injusta y a menudo trágica de esta historia. El libro concluye con una pregunta clave: ¿es necesario, conveniente y posible mantener el Estado del Bienestar? El autor sostiene que sí.
El interés, incluso la actualidad, de un tema como el de las relaciones de la Iglesia con el poder político no es cuestionable fácilmente. Podría serlo si tuviéramos en cuenta los primeros siglos de la España Altomedieval; sin embargo, no debe olvidarse que fue en ellos cuando, por vez primera, se formuló y desarrolló un modelo doctrinal de relaciones que es comúnmente conocido como el de “las dos espadas” y que tendría vigencia durante siglos desde la operatividad o la reivindicación. Pues bien, lo que se pretende analizar es la incidencia de la formulación de ese modelo doctrinal en la Península, concretamente en el occidente peninsular, entre los siglos vii y xii. Ni el marco geográfico ni cronológico escogidos son aleatorios. El primero hace referencia a una realidad bien concreta: la formación política que, arrancando de la Asturias refractaria a la normalización de la Península bajo control islámico, acabará cristalizando a fines del siglo xi en la monarquía de los reinos de León y Castilla. También el marco cronológico obedece a un criterio perfectamente coherente. Fue la Iglesia visigoda, de la época isidoriana, la que tradujo la “doctrina de las dos espadas” en un sistema de gobierno que hacía del pacto entre reyes y pueblo gobernado, una seña de identidad que sólo a ella correspondía mantener viva mediante su supervisora autoridad moral. El sistema no era más que un marco teórico una y otra vez extralimitado por los reyes, pero también era un referente idealizado legitimador, teóricamente asumido por todos y, en cualquier caso, consolidado por la tradición.
En 1898 tuvo lugar la guerra entre Estados Unidos y España, que consagró a la nación americana como potencia mundial y representó para la nuestra un golpe moral de demoledoras consecuencias históricas aunque enriquecedor desde el punto de vista intelectual, pues provocó el gran debate entre los pensadores integrados en la llamada “Generación del 98”. En el ánimo español se instaló un pesimismo que, en lo militar, produjo un aislamiento gremial visto por muchos investigadores como una de las causas motivadoras de la Guerra Civil y sobre el que no faltaron algunas autorizadas voces de alerta. Aquella contienda ultramarina ha sido, en general, estudiada con atención preferente a su componente naval obviando las batallas terrestres, con lo que se tiene una visión parcial del conflicto la cual es, además, engañosa, pues sanciona como decisiva (según la visión de nuestros gobernantes de entonces) la derrota del Almirante Cervera frente a la Escuadra norteamericana sin tener en cuenta que con ella las fuerzas yanquis no habían logrado sus objetivos estratégicos, y que, incluso, estuvieron muy cerca de renunciar a ellos. La verdadera batalla decisiva de la guerra hispanoamericana fue la de Santiago de Cuba, librada entre los ejércitos español y norteamericano y cuyos análisis, muy escasos, se remontan a los primeros años del siglo XX sin que posteriormente hayan sido objeto de estudio desde una óptica profesional. En aquella batalla, que terminó siéndolo de trincheras, como un preludio de las que se librarían durante la Primera Guerra Mundial, influyeron, por parte española, dos factores que condujeron a su desenlace y que están sin investigar: por una parte, la descoordinación entre los tres niveles (político, estratégico, táctico) en que todo conflicto bélico se desarrolla; por otra, el choque psicológico entre el Capitán General de Cuba, don Ramón Blanco y el Almirante Cervera, inadvertidamente motivada por el Gobierno de Sagasta.
Esta tercera edición actualizada y revisada es un análisis pormenorizadamente de cómo los judíos fueron en España una minoría religiosa, no étnica, instalada en su suelo, en yuxtaposición a la sociedad cristiana que se consideraba la única legítima. El judaísmo era por tanto una microsociedad paralela a la macrosociedad cristiana.
Esta guía ofrece un paseo por la historia y los monumentos de la famosa villa de Santillana del Mar, y un análisis estético y arqueológico de las internacionalmente conocidas Cuevas de Altamira.
Esta obra pretende, reclamar la atención del medievalismo sobre este tema, al que aquí se ha despojado de su carga tradicional, para examinarlo con nuevos criterios y enfoques renovados –mediante el manejo de un importante número de fuentes, de diverso carácter y procedencia y, en buena parte, inéditas–, tratando de establecer sus cauces y fundamentos, sus manifestaciones y su relevancia en el ámbito de la sociedad política, desde los Trastámara al Imperio.
Dominicos y jesuitas, dos órdenes eclesiásticas que han protagonizado el conflicto entre la modernidad y la tradición. Con este libro se pretende superar los arquetipos insertados en los siglos XVII y XVIII entre la Compañía de Jesús y la Orden dominicana.
Trafalgar es sin duda una de las batallas navales más señaladas en la historia de España. Muchos hombres de muchas nacionalidades lucharon en las cercanías de Cádiz y del estrecho de Gibrlatar. Británicos, franceses y españoles, tres armadas que se disputaron la preponderancia en los mares y que después de la gran batalla naval se dirimió en la hegemonía británica. Trafalgar es y sigue siendo motivo de libros y de estudios y este está visto desde el punto de vista más naval que político, aunque evidentemente se analiza la situación política y militar de los tres ejércitos enfrentados. Personajes de la importancia de Nelson, Villeneuve, Gravina, Álava, Churruca marcarón una batalla naval histórica, que aún siendo una derrota para España es de una importancia histórica de una relavancia destacada y necesaria para el estudio.
El texto viene acompañado de tres apéndices de un marino holandés que aporta datos de otras batallas navales en las Nelson se fijó para actuar como en Trafalgar.
El 24 de febrero de 1402, en Sevilla, en donde se halla reunida la Corte, fallece, tras una agonía terrible, el principal consejero eclesiástico del rey Enrique III de Castilla. Nadie parece dudar de quién ha sido el instigador de lo que todos consideran un asesinato largamente preparado: el electo de Toledo, Gutierre Gómez Álvarez de Toledo, contrariado por la intervención de la víctima para impedir su promoción a la mitra toledana. Todo ello acaece en medio de las luchas desatadas por un Cisma de Occidente que divide a toda la cristiandad, también la castellana, ahora separada de la obediencia al Papa Luna. Gracias al estudio de una extensa documentación inédita, el autor consigue reconstruir minuciosamente aquellos hechos que llevarán al lector al conocimiento de aspectos recónditos de una época, extraña y apasionante, como fue la primera mitad del siglo xv. Así, en estas páginas emergerá, con perfiles cada vez más nítidos, un personaje complejo e históricamente decisivo, situado en el centro de la vida política de su tiempo, y, sin embargo, escasamente conocido, como este don Gutierre, señor de Alba, y, finalmente, ya en sus últimos años, arzobispo de Toledo, tal como ambicionara en su juventud. Tras su muerte, en 1446, un sobrino-nieto convertirá la herencia de don Gutierre, antes de que acabe el siglo, en el título de duque de Alba, siendo, así, el origen de la más poderosa casa noble
La guerra civil española es la única ocasión histórica en la que nuestro país ha desempeñado un papel principal en la historia del siglo xx. Solo en otra ocasión, mucho más grata, como fue la transición a la democracia, España resulto ser protagonista de primera fila para las demás naciones del mundo. Las fotografías que se descubren en las páginas de este libro, Vivir en guerra, han sido seleccionadas entre unas mil aproximadamente y se ha buscado sobre todo la imágen inédita, la importancia histórica, la calidad fotográfica y tambien que acompañaran al texto que el historiador Javier Tusell ha realizado como estudioso y especialista sobre un complicado tema, como es la guerra civil española.
Como se ha dicho respecto a la Revolución Francesa, nunca podrá escribirse una historia definitiva de la guerra civil española por la sencilla razón de que afectó demasiado gravemente a un número demasiado grande de personas.
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